Por Jonatan Azbat Carrillo
La Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) impulsó con gran expectativa el proyecto bimodal 50/50, una propuesta que busca combinar la educación presencial con actividades académicas en línea; sin embargo, mientras la institución lo presenta como una estrategia para modernizar la enseñanza, estudiantes, madres y padres de familia, así como trabajadores universitarios, advierten que existen dudas sobre la infraestructura, los costos y la calidad del aprendizaje.
La propuesta plantea que los cursos curriculares alternen actividades presenciales con trabajo en línea, tanto sincrónico como asincrónico. La meta es que, en las unidades de aprendizaje que puedan incorporarse a este modelo, las actividades se distribuyan aproximadamente en un esquema 50/50.
La iniciativa es coordinada por el Centro de Innovación y Desarrollo Educativo y el Centro de Universidad Virtual, con el respaldo de distintas áreas de la Administración Central y las Vicerrectorías. De acuerdo con la institución, el proyecto busca modernizar la formación universitaria, optimizar recursos y ampliar la matrícula en determinados programas.

Pero fuera del discurso institucional, la propuesta genera una pregunta entre la comunidad universitaria: ¿la UAS cuenta realmente con las condiciones para garantizar que este cambio beneficie a la mayoría de sus estudiantes?
¿Qué propone el proyecto bimodal UAS 50/50?
La bimodalidad busca combinar dos formas de trabajo académico. Por un lado, estarían las actividades presenciales que requieren interacción directa, prácticas guiadas, discusiones, trabajo en equipo, laboratorios y evaluaciones cuando sea necesario.
Por otro, el componente en línea se desarrollaría a través de una plataforma educativa institucional basada en Moodle, donde los estudiantes realizarían tareas, cuestionarios, foros y diferentes productos o evidencias de aprendizaje.

La propuesta plantea una alternancia organizada durante la semana, de manera que los estudiantes conozcan con anticipación qué días deberán acudir al aula y cuáles estarán destinados al trabajo en línea.
No todas las carreras pueden aprender de la misma manera
Uno de los principales cuestionamientos se relaciona con las carreras que requieren laboratorios, equipo especializado y prácticas presenciales.
Estudiantes y familias se preguntan cómo se garantizará la formación práctica en áreas donde el contacto directo con docentes, materiales, instrumentos y espacios especializados resulta indispensable.
“Mucho menos si es área de la salud, debe ser 100% presencial”, señaló una de las opiniones compartidas sobre la propuesta.
La preocupación aumenta porque, para algunos integrantes de la comunidad universitaria, no existe suficiente infraestructura para garantizar que el modelo pueda aplicarse de manera eficiente en todos los planteles.
La experiencia de la pandemia todavía genera rechazo
Las clases virtuales implementadas durante la pandemia también forman parte de la discusión. Algunos estudiantes recuerdan problemas constantes con el internet, cortes de energía eléctrica, fallas en las plataformas y dificultades para contar con computadoras o dispositivos adecuados.

Una estudiante señaló que durante la pandemia tuvo malas experiencias con las clases virtuales y que no desea regresar a un modelo que dependa de una conexión a internet o de dispositivos que no todas las familias pueden pagar.
Para otros, la educación en línea simplemente no ofrece el mismo nivel de aprendizaje que la presencial.
¿Quién pagará el internet, la luz y los equipos?
Otra de las críticas apunta a los gastos que el modelo podría trasladar directamente a las familias.
“¿Quién pagará el internet, las computadoras y la luz?”, cuestionó una opinión, al señalar que, pese a la reducción de la presencialidad, las cuotas de inscripción continuarían siendo completas.
Para estudiantes y padres de familia, la discusión no se limita a la tecnología. También implica analizar quién tiene acceso a una conexión estable, quién cuenta con computadora propia y quién puede estudiar adecuadamente desde casa.
Trabajadores de la UAS también advierten carencias
Las dudas no provienen únicamente de los estudiantes. Un trabajador de la Universidad Autónoma de Sinaloa aseguró que desde el interior de los planteles se observan diariamente limitaciones que podrían complicar la implementación del proyecto.
Entre ellas mencionó la falta de equipo adecuado, fallas constantes en el internet y carencias de infraestructura que ya dificultan las labores educativas.
Por ello, consideró que antes de implementar cambios de esta magnitud, la institución debe escuchar a los alumnos y conocer las condiciones reales de cada escuela.
La UAS presume innovación, pero la comunidad exige ser escuchada
Aunque la Universidad Autónoma de Sinaloa presenta la bimodalidad como una estrategia planificada, flexible y vinculada con la innovación educativa, las opiniones de parte de su comunidad muestran que existe una brecha entre el anuncio institucional y la percepción de quienes tendrán que vivir el modelo.

El proyecto todavía enfrenta dudas sobre infraestructura, aprendizaje, prácticas profesionales, costos y participación estudiantil.
Para quienes se oponen a la propuesta, la exigencia es clara: antes de cambiar la forma en que miles de jóvenes estudian, la UAS debe escucharlos y demostrar que cuenta con las condiciones necesarias para garantizar que la bimodalidad no termine afectando la calidad de la educación.
Más allá del rechazo: también piden una discusión pedagógica sobre el proyecto bimodal UAS
Aunque muchas voces se oponen al proyecto, también hay quienes consideran que la propuesta podría valer la pena si se abre una discusión pedagógica amplia y se escucha a estudiantes, docentes y familias. El debate, en ese sentido, no tendría que reducirse a estar a favor o en contra de la bimodalidad, sino a analizar si realmente existen las condiciones para aplicarla, qué carreras pueden incorporarse al modelo y cómo garantizar que la educación en línea no implique una disminución en la calidad de la formación universitaria.
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