Por Jonatan Azbat Carrillo
Destacan la importancia de llevar cultura a donde nunca llega
La sexta edición del Festival del Niño Indígena 2026 reafirma su esencia: llevar arte y cultura a comunidades donde históricamente han estado ausentes.

Impulsado por el Colectivo Tarahumara Sinaloense, encabezado por Hortensia López Gaxiola, y respaldado por el Instituto Sinaloense de Cultura (ISIC), dirigido por Juan Avilés Ochoa, el festival se desarrollará del 19 al 24 de abril en siete municipios del estado.
Cultura que rompe el centralismo
Durante la presentación, Juan Avilés Ochoa subrayó que este festival se alinea con la política de atención a comunidades originarias impulsada desde el gobierno estatal, destacando la importancia de descentralizar la cultura.

El funcionario enfatizó que muchas de las sedes, como Cuitaboca, difícilmente reciben espectáculos artísticos, lo que convierte cada presentación en un hecho significativo para toda la comunidad.
Un esfuerzo que nace desde las comunidades
Por su parte, Hortensia López Gaxiola explicó que el objetivo principal del festival ha sido, desde su origen en 2018, acercar expresiones culturales a niñas y niños indígenas, pero también generar un intercambio donde las comunidades compartan su propia riqueza cultural.

“El festival no solo lleva actividades, también busca que los niños conozcan nuevos lenguajes artísticos y que, a partir de ello, puedan crear desde su propia visión”, destacó.
Más que espectáculos: experiencias que marcan la infancia
El programa incluye títeres, cuentacuentos, música, talleres de fotografía, elaboración de máscaras y actividades de conciencia ambiental, como las impartidas por la activista Melina Sandoval sobre conservación de tortugas.
De acuerdo con Hortensia López Gaxiola, aunque algunas comunidades cuentan con pocos alumnos, el impacto se multiplica cuando asisten familias completas, convirtiendo cada evento en una experiencia colectiva.
Cultura como bienesta integral
Juan Avilés Ochoa destacó que este tipo de iniciativas forman parte de una estrategia más amplia que incluye apoyos a creadores en lenguas originarias, producción editorial sobre pueblos indígenas y programas comunitarios.
En ese sentido, reconoció que el trabajo del Colectivo Tarahumara Sinaloense ha sido clave para hacer llegar estas acciones a territorios de difícil acceso.
Más allá del festival
El trabajo encabezado por Hortensia López Gagiola no se limita a esta semana cultural. Durante todo el año, el colectivo impulsa comedores comunitarios, colectas de alimentos y acompañamiento a comunidades indígenas y desplazadas.
Este esfuerzo integral convierte al festival en una pieza de un proyecto más amplio que busca mejorar la calidad de vida a través de la cultura.
Un festival que deja huella
Tras la pausa por la pandemia, el Festival del Niño Indígena ha logrado consolidarse como un referente en Sinaloa, no solo por su alcance territorial, sino por su impacto emocional y cultural.
Porque en lugares donde casi nada llega, el arte no solo entretiene: permanece.









