En el marco del primer aniversario de la jornada de violencia que marcó a Culiacán y Sinaloa, el Centro de Literatura (CELIT) del ISIC fue escenario de la presentación del proyecto Club de Culichis que lloran, un espacio de creación literaria y acompañamiento colectivo que busca documentar, procesar y resignificar las emociones derivadas de la violencia en la entidad.

Un espacio para sanar desde la palabra
El proyecto nació como una iniciativa de Heidy Mares y Dheyna Brito, quienes comenzaron con una simple conversación de WhatsApp en la que notaron la ausencia de espacios seguros para hablar de la violencia que atraviesa a la sociedad sinaloense. De ahí surgió la idea de reunir a personas interesadas en reflexionar y expresarse a través de la escritura.
Durante 10 sesiones, los participantes compartieron experiencias, emociones y memorias, escribiendo desde la poesía, la crónica o el ensayo libre. El proceso no se enfocó únicamente en la técnica literaria, sino en la conversación, el desahogo colectivo y el análisis crítico de lo vivido.
“Empezamos a trabajar con el miedo, con el trauma, con el desprendimiento, y finalmente con lo que queremos construir hacia adelante. Ha sido un ejercicio de memoria y colectividad, porque más allá de la escritura, nos acompañamos en un proceso muy difícil para todas y todos”, expresó Heidy Mares.
El fanzine como memoria colectiva
El resultado de este camino se concretó en la publicación de un fanzine colectivo, presentado durante la clausura del proyecto en el CELIT. La edición reúne textos, reflexiones y un glosario que recoge las palabras y expresiones que surgieron en medio de los enfrentamientos y hechos violentos de los últimos meses.
“No queríamos hacer apología ni caer en lo amarillista; lo que buscamos fue reflejar lo que sentimos, lo que vivimos, lo que lloramos juntos en estas sesiones. Al final, el Club de Culiches que lloran es un apapacho colectivo, una forma de resistir y de no olvidar”, comentó Dheyna Brito.
De la escritura a la música: Pau Matinée
El taller también inspiró a Pau Matinée, quien prepara su próximo disco Memoria y desaparición.
“Toda la situación de Culiacán y mi participación en el club me impulsaron a expresarme y escribir los temas del disco”, comentó.
Así, su música refleja experiencias personales y colectivas frente a la violencia.

La importancia de ocupar los espacios
Las coordinadoras remarcaron la intención de cerrar el proyecto justamente en esta fecha, como un acto simbólico de conmemoración, pero también de resistencia:
“Nos reunimos en un espacio físico porque los espacios siguen siendo nuestros. No vamos a ceder la ciudad ni permitir que nos arrebaten la posibilidad de reunirnos y de crear”, puntualizó Mares.
El poder de la colectividad
Más allá de la publicación, el proyecto dejó una huella profunda en quienes participaron, demostrando que la literatura puede ser una herramienta de resistencia y acompañamiento.
“Nunca hay que subestimar el poder de la colectividad. Este club inició como algo muy simple y terminó transformándonos a todos: en cómo socializamos, en cómo analizamos la violencia sin replicarla, y en cómo nos abrazamos en medio de ella”, concluyó Heidy.









