La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo volvió a marcar distancia con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y dejó en claro que, por ahora, no sostendrá una mesa directa con la dirigencia magisterial. La razón, dijo, es simple: en la ocasión anterior en que se había acordado un encuentro con ella, los representantes de la Coordinadora no acudieron. Por eso, insistió, la interlocución seguirá a través de la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Educación Pública, instancias que —subrayó— tienen facultades suficientes para atender el conflicto.
Desde su conferencia matutina, la mandataria sostuvo que el diálogo con el magisterio disidente no está roto ni cerrado, pero sí delimitado. “Ellos decidieron no llegar conmigo”, afirmó, al recordar aquel antecedente. A partir de ello, señaló que ahora corresponde a Rosa Icela Rodríguez, titular de Gobernación, y a Mario Delgado, secretario de Educación Pública, conducir las mesas de negociación con la CNTE.
Sheinbaum buscó mostrar que sí existe una ruta institucional abierta para atender las demandas del magisterio. Señaló que no sólo hay mesas nacionales, sino también mesas estatales, algo que —dijo— en otros tiempos ni siquiera existía. Destacó además que Mario Delgado ha acudido personalmente a distintas entidades del país para sostener reuniones de trabajo con docentes y revisar problemas específicos, lo que, a su juicio, demuestra que el gobierno no ha cerrado la puerta al diálogo.
Sin embargo, también dejó claro que no todas las exigencias pueden resolverse en los términos que reclama la Coordinadora. La presidenta admitió que hay temas “más complejos” y otros para los que simplemente “el presupuesto público no da”. Ahí colocó el límite central de su postura: el gobierno, dijo, está dispuesto a seguir apoyando a maestras y maestros, pero dentro de las posibilidades financieras del Estado.
Para reforzar ese argumento, Sheinbaum enumeró una serie de acciones que su administración y la anterior han impulsado en favor del magisterio. Recordó que los salarios de los docentes han crecido de manera importante desde 2018 y afirmó que sólo el año pasado el incremento fue de 10 por ciento. También mencionó el Fondo de Pensiones para el Bienestar, la asignación de plazas durante el sexenio pasado y diversos mecanismos de apoyo que, según dijo, han buscado revertir afectaciones acumuladas desde la reforma educativa del sexenio de Enrique Peña Nieto.
La presidenta también puso como ejemplo lo ocurrido en Oaxaca y Chiapas, donde aseguró que sí ha habido diálogo con representantes magisteriales y acuerdos concretos. En el caso chiapaneco, recordó que durante una visita reciente recibió personalmente a la dirigencia, revisó su pliego petitorio junto con el gobernador y se pactaron beneficios adicionales con apoyo tanto del gobierno estatal como del federal. Con ello, Sheinbaum buscó desmontar la versión de la CNTE de que no existe voluntad de escucha desde Palacio Nacional.
Aun así, la tensión con la Coordinadora persiste. La CNTE insiste en que sus demandas de fondo —entre ellas la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, mejores condiciones de jubilación y aumento salarial— no han sido resueltas, y por ello mantiene protestas, bloqueos y plantones en la Ciudad de México. Frente a eso, Sheinbaum cuestionó el sentido de las movilizaciones si, como aseguró, el diálogo sigue abierto. “Si está abierto el diálogo, ¿para qué cierran una calle?”, preguntó.
Pese al tono crítico, evitó escalar el lenguaje. No quiso calificar como chantaje la advertencia de la CNTE de llevar sus protestas hasta el contexto del Mundial de Futbol de 2026, aunque sí dejó ver su desacuerdo con ese tipo de presión. Se limitó a señalar que en México existe el derecho a la libre manifestación, pero insistió en que ésta debe mantenerse por la vía pacífica.
En el fondo, la postura de Sheinbaum deja ver una línea política clara: reconocer al magisterio como interlocutor, pero sin cederle la centralidad de la negociación directamente con la Presidencia. La mandataria intenta mostrar apertura, pero también orden y límites. La CNTE, en cambio, quiere elevar el nivel del conflicto hasta obligar a una interlocución directa con ella. Ahí está hoy el nudo del problema: no sólo se discute el contenido de las demandas, sino también quién tiene la autoridad política para resolverlas.








