María Magdalena: la escritura como creación literaria | Última parte

María Magdalena: la escritura como creación literaria

Por: Cruz Antonio González

Tal vez no venga al caso hablar de las contradicciones sociales, pero ellas, dependiendo el lugar desde donde actuamos en el mundo determinan los procesos de lectura y redacción. El proceso de formación de lector parte de una realidad, desde la cual se incorporan enfoques y dimensiones posibles para la compresión del texto.

La función docente en este proceso no consiste en imitar la vida o las ideas de un autor determinado, se trata de proporcionar las estrategias de lecturas para que los alumnos interpreten lo que leen, así sean las fábulas de Esopo o los poemas de García Lorca.

Como se carecen de referencias bibliográficas, el recurso que tienen los alumnos de primaria para interpretar documentos es la experiencia de la vida. Es común clasificar autores y textos según la filiación política, eso limita conocer otras formas de pensar y recrear el mundo. Enfundarse en una idea política-social para interpretar un texto no ayuda a comprender el proceso creador del autor, menos en favorecer la cercanía con los libros.

Para evitar malentendidos, estoy hablando exclusivamente de la enseñanza de la lectura y redacción en las aulas; no fue un manual lo que me trajo a esta, ni la mente de un reconocido investigador, sino la experiencia de trabajar la lectura y redacción durante más de veinte años.

Los teóricos plantean estrategias para que lean más rápido o comprendan mejor, y el grado de comprensión de un niño no es igual al grado de comprensión del adulto, ni siquiera entre adultos, porque eso es lo maravilloso de esta actividad, cada quien lleva su ritmo.

El problema de la escritura en la escuela consiste en desconocer el vehículo a utilizar, los niños podrán escribir muchas cosas, pero lo hacen con la misma estructura, en la medida que se diversifiquen podrán escribir sobre muchos temas, comunicar con mayor sentido.

También juega un papel importante el diálogo alrededor del texto, ya Roland Barthes hablaba del «placer del texto». Cuando hago análisis de autores como Kafka, Musil, Mann o García Márquez, algunos amigos reprochan el no encontrar una crítica velada de la sociedad, centrarse en la estética de la obra.

Difícil encontrar unanimidad en la redacción, pero me queda claro una cosa, los calificativos tienen como punto de partida el desconocimiento, la ausencia de un estudio estético; hay quienes no han leído una página de Kafka y ya asumen una posición, no literaria, sino política. 

Uno de los autores que mayormente ha padecido este reduccionismo, hasta sectarismo, es García Márquez, por su cercanía con el régimen cubano. Haciendo a un lado sus respetados vínculos personales, las novelas de García Márquez son de las más leídas en Latinoamérica y las que poseen un soporte estético inigualable: «Cien años de soledad» es la novela mejor lograda artísticamente en habla española después de «Don Quijote», y en algunos aspectos mucho más dinámica.

Vale preguntarse, ¿cómo leemos un libro?, ¿cuáles son los elementos en los que basamos nuestra interpretación? Desechar la lectura de las novelas de García Márquez por sus vínculos personales es estar condicionado antes de leer la primera página del libro.

No estoy descartando una lectura política-social, hasta histórica, sólo que hay libros donde la apuesta del autor es la estética, y no al revés. Un alumno de primaria sin los antecedentes mencionadas pondrá atención en aspectos de la trama y no si García Márquez fue recibido en la Habana por Fidel Castro, y por más que el docente sature de su dogma al alumno, sólo provocará confusión y rechazo al leer.

Es impresionante que en «Cien años de soledad» se cite a Rabelais, ¿casualidad? No lo creo, García Márquez en su novela emblemática es un continuador de la creación festiva de la novela concebida por Rabelais, tanto así que Thomas Mann en la «Montaña Mágica» no se cansa de evocar al francés con frases como “siguió disfrutando de la pantagruélica comida y se le olvidó el incidente por completo”. 

El puente de comunicación entre Rabelais con García Márquez, Thomas Mann y Víctor Hugo es una manera de escribir novelas, no si pertenecen a tal bando o si las ideas son nobles, liberales o modernas.

El proceso de la escritura como expresión literaria tiene algo de infantil, se deja llevar por los motivos de creación de cada autor, las condiciones históricos y sociales pasan desapercibidas para los niños, sus personajes no tienen ojos, boca ni cabellos, son matices generales las que describe y al final todo es feliz, en el sentido de satisfacer lo logrado.

No es que los escritos de los niños carezcan de respaldo sociohistórico, va implícito en la redacción. Ha sido la experiencia en las aulas lo que me ha llevado a considerar la escritura infantil como proceso lúdico cuando existe libertad de creación.

Las observaciones expresadas forman parte de mi historia en las aulas, llevándome a hacer un recuento del trabajo realizado por la profesora María Magdalena en un nivel de Licenciatura. Es un tanto ocioso hablar de sí, el remontarme a mis años estudiantiles, analizando mis trabajos de redacción, recuerdo que la técnica de la maestra era sacar las vivencias personales, y ha sido lo aprendido en estos menesteres lo que me ha traído hasta aquí, como eco de sus enseñanzas. 

Había excelentes investigadores como el profesor Miguel Ángel Ramírez Jardínes, elocuentes oradores como José Manuel Arredondo, y otros que escapan a mi deficiente memoria, pero nadie dominaba una variedad de técnicas en la redacción de textos y de la práctica de la lectura como la profesora María Magdalena.

Esas estrategias son las que me han permitido rebuscar para interpretar los fenómenos sociales, económicos, políticos e históricos. Los problemas que existen sobre la lectura y la redacción en la escuela pasan por dos factores relacionados entre sí: el primero consiste en la deficiente formación de los docentes tocante a estos procesos; segundo, las carencias de técnicas para explorar la información de los textos desde la perspectiva de los alumnos.

No se trata de darle un libro de cuento (¿actualmente qué sería?, ¿un video-texto en TikTok o las mangas?), si no va acompañado de sugerencias de cómo leer o rescatar información valiosa, de compartir técnicas que ayuden a comprender el texto, y así enriquecer la discusión en el aula, el diálogo constante entre alumnos alrededor del libro y las ideas contenidas.

La discusión académica impulsada por la profesora Magdalena en la Escuela Normal de Sinaloa fue una lucha permanente por profesionalizar la formación de los estudiantes y repercutir positivamente en la educación que se imparte en las aulas sinaloenses, ignoro si sus propuestas siguen debatiéndose o fueron relegadas al olvido, este recuento va encaminado a recuperar algunas de sus ideas que ayuden a retomar la importancia de leer y escribir como herramientas para el aprendizaje. Releer el mundo para replantear formas de convivencias alternas donde el respeto entre las personas sea la base de la sociedad, esa ha sido la enseñanza de la profesora Ramírez León.

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