Estado Cultural | El Museo Marítimo “Casa del Marino”: una conquista ciudadana que apenas comienza

Museo Marítimo "Casa del Marino" de Mazatlán

Por: Sarahí Tirado Osuna 

Mazatlán abrió el primer museo dedicado a la marina mercante en México. Conservarlo será más difícil que haberlo construido.

El 14 de octubre de 2024, tras una fiesta ciudadana celebrada en el fuerte 31 de Marzo, se abrieron por primera vez las puertas del Museo Marítimo “Casa del Marino” de Mazatlán. Detrás de ese acto hay treinta y cinco años de gestión sostenida por un grupo de marinos, ingenieros navales y ciudadanos organizados en el Patronato Pro Rescate de la Casa del Marino, A.C.  Presidido por el Capitan de Altura Felipe Hernández Ascencio, Pocos proyectos culturales en Sinaloa pueden presumir una genealogía tan larga ni tan terca.

tras una fiesta ciudadana celebrada en el fuerte 31 de Marzo, se abrieron por primera vez las puertas del Museo Marítimo "Casa del Marino" de Mazatlán

El inmueble no es un edificio cualquiera. La Casa del Marino fue construida en 1946 y constituyó un ejemplo constructivo relevante de arquitectura neocolonial con elementos art déco, razón por la cual el INBAL la considera Monumento Artístico. Además comparte predio con el fuerte 31 de Marzo, erigido en memoria de la defensa de Mazatlán durante la intervención francesa y protegido como Monumento Histórico por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos. Ambos son, para la ciudad, símbolos identitarios con un alto grado de apropiación social: eso explica el rechazo vecinal que enfrentaron los distintos intentos de demolición promovidos en administraciones anteriores.

tras una fiesta ciudadana celebrada en el fuerte 31 de Marzo, se abrieron por primera vez las puertas del Museo Marítimo "Casa del Marino" de Mazatlán

El Patronato nació en 1990 con un propósito distinto al que hoy lo define. Su reclamo original fue la clausura del servicio de hospedaje y asistencia para la gente de mar en tierra, obligación derivada del Convenio C-163 suscrito por México junto con las principales naciones marítimas. En 2016, al revisar sus fines, la asociación tomó una decisión estratégica: incorporar a su acta constitutiva la creación de un museo marítimo dedicado a la marina mercante, el primero en el país. Dos años después el proyecto ejecutivo estaba aprobado y la posesión del predio quedó respaldada por resolución judicial.

La obra se concretó con una inversión de 93 millones de pesos ejercidos por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) por instrucción de la Presidencia de la República, y fue precedida por quince mesas de concertación documentadas con minutas y registros de firmas. Es decir, no se trató de una ocurrencia administrativa sino de un proceso técnico y social largamente negociado.

Para qué sirve un museo marítimo

Mazatlán ha vivido casi dos siglos de la actividad marítima —pesca, astilleros, cabotaje, comercio de altura— y sin embargo la transmisión generacional de la cultura marítima se ha ido adelgazando. El objetivo central del museo es precisamente ese: formar públicos capaces de reconocer el mar no como paisaje turístico, sino como el eje económico e histórico que hizo posible la ciudad. Un museo temático cumple esa función solo si mantiene la coherencia entre su acervo, su discurso curatorial y sus usos.

El acervo reunido incluye piezas de considerable valor documental: cañones históricos, la placa conmemorativa y el mural original de la Casa del Marino, además de colecciones aportadas por marinos y particulares a lo largo de décadas. Cada una de esas piezas requiere procesos específicos de conservación —registro documental y fotográfico, desmontaje y traslado controlado, limpieza mecánica, resanes con materiales compatibles, reintegración cromática, remontaje en sala— con informes técnicos que sustenten cada intervención. No es un trámite: es la condición para que el acervo llegue completo a la siguiente generación.

Conviene subrayar algo que suele pasar inadvertido fuera del gremio. Buena parte de este patrimonio ingresó al museo por donación o comodato de coleccionistas privados que confiaron en el Patronato. Los documentos que amparan esa propiedad tienen titulares definidos y no son transferibles de manera automática. Cualquier esquema de operación que ignore ese origen pone en riesgo la permanencia misma de las colecciones.

Lo que sigue para La Casa del Marino

Aquí conviene ser precisos sobre lo que ocurrió. El equipo técnico del Patronato formuló recomendaciones puntuales para el diseño, restauración, reconstrucción, operación y la conservación del recinto, y la asociación solicitó de manera reiterada que fuera la iniciativa ciudadana —la misma que sostuvo el proyecto durante tres décadas y media— la que asumiera su conducción. Pese a ello, el Ayuntamiento tomó para sí la responsabilidad del museo sin que le correspondiera hacerlo y sin considerar al Patronato en la decisión. No es un detalle de forma: quien construyó el acervo, negoció los comodatos y conoce el estado de conservación de cada pieza quedó fuera de la operación del inmueble que gestionó durante treinta y cinco años.

Museo Marítimo "Casa del Marino" de Mazatlán

Un año y medio después de la inauguración, el convenio de manejo y operación del recinto sigue siendo la pieza faltante. Sin un instrumento que defina con claridad las responsabilidades de custodia, los protocolos de uso de los espacios, las condiciones ambientales de exhibición y los criterios para incorporar o retirar piezas, un museo recién nacido queda expuesto a un desgaste silencioso. Mazatlán conoce ejemplos de recintos que pasaron de la brillantez inaugural a la opacidad en pocos años. La diferencia entre un caso y otro rara vez está en el presupuesto: está en la gobernanza.

Museo Marítimo "Casa del Marino" de Mazatlán

Nada de esto contradice el logro. El Museo Marítimo “Casa del Marino” es hoy una herencia cultural para la ciudad y una pieza singular en el mapa museístico nacional. Pero un museo no se inaugura: se sostiene. Lo que se juega en los próximos meses —el convenio pendiente, el plan de conservación del acervo, la formación de públicos— definirá si esta conquista ciudadana se consolida o se administra como un salón de eventos con vista al mar.

Los treinta y cinco años que costó abrirlo merecen, por lo menos, esa discusión.

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Sarahí Tirado Osuna, primera vocal del patronato pro rescate de La Casa del Marino A. C. Restauradora, con más de veinte años en conservación de patrimonio, museos y colecciones en México y Latinoamérica. Licenciada en Restauración por la ECRO y maestra en Política y Gobierno por El Colegio de Jalisco. Su trabajo une la conservación técnica con la política cultural y los proyectos comunitarios.

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