Hermosillo, Sonora. La madre buscadora Ceci Patricia Flores Armenta, fundadora del colectivo Madres Buscadoras de Sonora, anunció este 24 de marzo de 2026 que localizó restos óseos que podrían corresponder a su hijo Marco Antonio Sauceda Rocha, desaparecido desde el 4 de mayo de 2019 en Bahía de Kino. La propia activista difundió el hallazgo en redes con un mensaje devastador: “Vámonos a casa, hijo”. Pero, aunque para ella la búsqueda dio un giro definitivo, la identificación oficial aún depende de la prueba de ADN.
La historia golpea por donde se mire. No es sólo el hallazgo de restos; es el desenlace provisional de una búsqueda que se volvió causa nacional. En su mensaje, Ceci Flores relató que encontró a su hijo en la carretera 26, kilómetro 46, en Hermosillo, después de años de pelear “contra el olvido, contra la apatía, contra la tierra dura”. Lo que abrazó, dijo, fueron restos, no el cuerpo completo que una madre habría querido recuperar. Esa frase resume toda la tragedia del país: en México, a muchas madres no les devuelven a sus hijos; les devuelven huesos.
De acuerdo con las versiones publicadas este martes, agentes de la Fiscalía de Sonora le informaron de manera preliminar que los restos hallados podrían ser de uno de sus hijos desaparecidos, pero será el Laboratorio de Inteligencia Científica Forense el que confirme la identidad mediante confronta genética. Por eso, aunque el mensaje público ya tiene el tono de un adiós y un reencuentro, el dato forense todavía no está cerrado.
Una búsqueda que comenzó con dos hijos arrancados
Marco Antonio Sauceda Rocha fue desaparecido el 4 de mayo de 2019, cuando hombres armados se lo llevaron por la fuerza en Bahía de Kino, Sonora. En ese mismo episodio también fue privado de la libertad otro de sus hijos, aunque uno de ellos fue liberado días después. Para entonces, Ceci Flores ya arrastraba otra herida: su hijo Alejandro Guadalupe Islas Flores había desaparecido desde el 30 de octubre de 2015 en Los Mochis, Sinaloa. Es decir, la lucha de esta madre no empezó con una ausencia, sino con dos.
De esa tragedia personal nació uno de los colectivos más visibles y persistentes del país. Madres Buscadoras de Sonora se convirtió, con el tiempo, en una referencia nacional en la localización de fosas y restos humanos. EL PAÍS recuerda que Ceci Flores es una de las voces más emblemáticas de la crisis de desapariciones en México y que su activismo la ha colocado bajo amenazas constantes.
El dolor privado que volvió a ser denuncia pública
Hay una dimensión íntima en este hallazgo, pero también una profundamente política. Ceci Flores no encontró sólo restos: volvió a exhibir el fracaso estructural del Estado mexicano para buscar a los desaparecidos con la urgencia que merecen. Su colectivo, como muchos otros, ha tenido que hacer en el desierto lo que las instituciones no hacen a tiempo. Cada vez que una madre encuentra por su cuenta a su hijo, también queda al descubierto la ausencia de justicia.
Su mensaje en redes es, en ese sentido, doble: despedida y denuncia. No celebró un hallazgo; lamentó que después de tanto andar, lo único que pudiera recoger fueran huesos dispersos. Esa escena, más que un cierre, es otra prueba brutal de lo que significa buscar en México.
Línea del tiempo
- 30 de octubre de 2015: desaparece Alejandro Guadalupe Islas Flores, hijo de Ceci Flores, en Los Mochis, Sinaloa.
- 4 de mayo de 2019: desaparece Marco Antonio Sauceda Rocha en Bahía de Kino, Sonora.
- 24 de marzo de 2026: Ceci Flores anuncia que localizó restos que podrían ser de Marco Antonio en Hermosillo.
- Pendiente: la Fiscalía de Sonora deberá confirmar por ADN si los restos corresponden oficialmente a su hijo.








