¿Quién le hará justicia? El héroe de la Independencia olvidado

Por Diego Angulo

La presidenta Claudia Sheinbaum dijo en la mañanera que iba a incluir más nombres en el tradicional Grito de la Independencia, posiblemente serán mujeres. El año pasado sorprendió al gritar el nombre de Josefa, y no es que nunca se haya dicho ese nombre, sino porque dijo su nombre real: ¡Viva Josefa Ortiz Téllez-Girón!, quitándole el machista apelativo de Domínguez, con lo que estoy de acuerdo no solo por el tema del machismo, sino además porque se rajó en el momento clave.

Miguel Domínguez era esposo de Josefa, de ahí el Domínguez. Miguel era el corregidor de Querétaro [de ahí también viene el mote de la Corregidora de Josefa], algo así como un presidente municipal, pero al mismo tiempo juez; era un puesto designado directamente por el rey. Miguel, hijo de españoles, pero nacido en la Ciudad de México, organizaba tertulias para conspirar por la independencia del país en su casa, donde asistían el cura Miguel Hidalgo, el dragón de la reina Ignacio Allende y el comerciante José María Ignacio Juan Nepomuceno Aparicio Epigmenio González y su hermano Emeterio, el personaje de nuestra historia.

Posiblemente existan miles de héroes durante la Independencia [el Pípila, el Niño Artillero de Cuautla, Mina], pero la historia de Epigmenio es tan bonita y trágica que se merece su inclusión en el Grito y ser recordado como héroe de la patria. La primera vez que la leí, en el libro El cura Hidalgo, de Paco Ignacio Taibo II, me cautivó, y esperaba que Andrés Manuel López Obrador, lector de Taibo, lo incluyera en su Grito, pero nunca lo hizo.

Como bien lo llama Taibo, la conspiración de Querétaro era una conspiración imposible, porque había tres mil conspiradores, según lo dijo Allende en su juicio, y entonces era fácil que la descubrieran, como ocurrió. El asunto fue que el virrey se enteró, y un tal comandante Ochoa, mandado desde México, instruye precisamente a Miguel Domínguez para la detención de sus amigos conspiradores. Miguel encierra a su esposa Josefa bajo llave para cuidarla, pero se va sobre los demás. El mismo 15 de septiembre [otros dicen que el 13] detienen a los hermanos Epigmenio y Emeterio González en su taller, donde ya habían hecho dos mil cartuchos junto con un cohetero, José, también detenido; además, encarcela al criado y su esposa, al aprendiz de carpintero, dos niños huérfanos recién adoptados y una anciana ciega a la que le había dado asilo [era una persona buena Epigmenio].

Todos pidieron clemencia e indulto real a cambio de cantar; algunos fueron liberados, los hermanos no delataron a nadie. Fue así que fueron mandados a un convento y luego a la cárcel de la Ciudad de México. Desde la cárcel, ambos, en 1811, conspiran junto con Antonio Ferrer para secuestrar al virrey Francisco Xavier Venegas y exigir la liberación de Hidalgo y Allende, ya detenidos en Acatita de Baján y trasladados a Chihuahua a la espera de ser fusilados. La idea de la conspiración de Ferrer era el intercambio de prisioneros: el virrey por los líderes insurgentes. La empresa fracasó; fueron descubiertos.

Después de ir de cárcel en cárcel junto con su hermano quien murió en 1813, fue enviado al fuerte de San Diego, en Acapulco, última parada antes del destierro para las Filipinas. Estó era mejor porque Epigmenio había sido sentenciado por la Santa Inquisición a la muerte, pero el gobierno español le permutó la sentencia mandándolo al otro lado del Pacífico. Ahí, en Acapulco, nuestro héroe perdió la movilidad en las piernas, ya sea por lo apretado o pesado de los grilletes, por el reumatismo provocado por la humedad de los calabozos, por los maltratos recibidos o por todas al mismo tiempo.

Para hacer más bonita la historia, como cabos sueltos, algunos historiadores, como Taibo en el documental La Historia no contada de México descubriendo al padre de la patria, afirman que José María Morelos estuvo a punto de liberarlo cuando ataca Acapulco en 1813. Era conocido que los insurgentes liberaban a los encarcelados diciendo: «No podemos ser criminales por romper las leyes de un rey que no nos pertenece; sus leyes no son nuestras leyes», cuando más a Epigmenio uno de los suyos. Pero los españoles, antes de rendirse, partieron en barcos hacia Filipinas llevándose a reos como esclavos, pero a Epigmenio muy posiblemente por su importancia. ¿De qué les servía un cojo reumático en el barco o en las Filipinas?

Allá vivió prisionero. En 1821, cuando se logra la Independencia, nadie lo reclamó. Dicen que se enteró de la Independencia en 1824, pero de nada servía: España no reconocía a México como nación independiente. En México lo daban por muerto, y en 1827 la Plaza de Armas de Querétaro llevaba su nombre en honor, y una prima y aquellos dos huérfanos cobraban la pensión del supuesto muerto “Epigmenio” por los servicios otorgados a la patria. Fue liberado hasta que se firma el Tratado de Calatrava, en 1836, cuando México y España establecieron relaciones como naciones. Unos dicen que de Filipinas fue a España en barco y de ahí viajó a México; el asunto es que desembarca en San Blas, Nayarit, en 1838.

Tenía 32 años cuando lo detuvieron en Querétaro [o 27]. Para el año en que llega a San Blas habían pasado 28 años; era un viejo cojo rondando los sesenta. De San Blas llega a Guadalajara, donde se queda a vivir y donde un periódico, La Revolución, narra su apasionante historia. Murió muy viejo, arriba de los 70, en plena Guerra de Reforma; se lo llevó la epidemia de cólera que nunca pudo con él en las mazmorras.

En su honor, por lo menos cuando enseñe la etapa de la Independencia en la asignatura de Historia, como dice Paco Taibo «cada vez que repase la lista oficial: Hidalgo, Guerrero, Morelos, Mina…, añadiré a Epigmenio», y claro, su hermano Emeterio.

Ojalá y la presidenta Sheinbaum diga su nombre hoy, o en algún lugar del país lo recuerden.

¡Viva Epigmenio González!

¡Viva México!

Referencias:

Reyes Bustos, J. (2023, 15 de septiembre). La trágica vida de Epigmenio González, el insurgente olvidado. Relatos e Historias en México. https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/la-tragica-vida-de-epigmenio-gonzalez-el-insurgente-olvidado

Taibo II, P. I. (2007). El cura Hidalgo y sus amigos: 53 viñetas de la guerra de Independencia. Ediciones B México.

History Channel. La Historia no contada de México: Descubriendo al padre de la patria [Video]. YouTube. Ver video en YouTube

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