¿Por la Paz, de quiénes? La paz como utilería

¿Por la Paz, de quienes? La paz como utilería

Por Nestor

Nos dijeron que marchaban por la paz. Que las víctimas estaban primero. Que era momento de dejar diferencias atrás.

Muy bonito. Hasta que una víctima quiso hablar. Entonces se acabaron las camisas blancas, los discursos y la escenografía moral. Una madre con un hijo desaparecido reclamó ser escuchada y, en el intercambio registrado en video, apareció una frase brutal: “es un muerto más”.

Ahí terminó la marcha.

Porque una movilización que pretende apropiarse del dolor de Sinaloa pierde buena parte de su autoridad moral cuando el dolor verdadero se presenta sin invitación, sin templete y sin ajustarse al guion. Para una estadística podrá ser “un muerto más”. Para una madre es su hijo, esa es la diferencia que separa a quien vive la tragedia de quien pretende administrar políticamente la tragedia.

Resulta todavía más grotesco que, bajo la bandera de “la paz”, hubiera quienes golpearan y quemaran piñatas con los rostros de Claudia Sheinbaum y de la gobernadora Graciela Domínguez, involucrando incluso a menores en ese acto.

Extraña pedagogía: combatir la violencia enseñando a golpear simbólicamente al adversario político. Eso no es cultura de paz. Es la vieja cultura del odio disfrazada de indignación ciudadana.

Que quede claro: la inseguridad existe. Las desapariciones existen, el miedo existe y ningún gobierno puede sentirse satisfecho mientras haya una madre buscando a su hijo. Hay que exigir resultados, justicia y paz, pero una cosa es exigirle al Estado y otra muy distinta convertir el dolor colectivo en plataforma política.

Porque las víctimas son muy cómodas cuando aparecen impresas en una lona. El problema comienza cuando hablan, cuestionan y se niegan a convertirse en decoración de quienes buscan reflectores. Las calles pertenecen al pueblo, no a empresarios, partidos ni aspirantes a redentores electorales.

Por eso la escena deja una pregunta incómoda: ¿Marchaban por las víctimas o necesitaban a las víctimas para marchar? Si realmente quieren construir paz, la regla debería ser sencilla:

Primero las madres buscadoras, primero las familias de las víctimas, primero quienes ponen los muertos y al final quienes ponen las lonas, los micrófonos y las aspiraciones políticas.

Porque para algunos podrá ser “un muerto más”, pero para una madre era su hijo y ese abismo moral no lo tapa ninguna camisa blanca.

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Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad de quien las firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de este medio.

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