Política Transversal | 100 días en Ohuira: cuando resistir también se vuelve comunidad

100 días en Ohuira

Por Laura Rojo Medrano

100 días en Ohuira. Hay algo que pasa cuando llegas a un lugar como Topolobampo y te sientas a escuchar a las personas que están ahí: entiendes que una lucha no siempre empieza con grandes discursos. A veces empieza con una pregunta muy sencilla: ¿Qué vamos a hacer si nadie nos escucha?

Eso pensé al conocer el plantón por la defensa de la bahía de Ohuira. Ya son 100 días. Cien días de permanecer ahí, de resistir, de esperar respuestas y, sobre todo, de no soltar una lucha que para muchas personas no es solamente una causa ambiental: es su vida.

Algo que me impacta muchísimo, es la atención de la gente. Son personas muy agradecidas, muy hospitalarias. Tú llegas, te sientas y empiezan a contarte su historia. Te dicen por qué están ahí, por qué decidieron quedarse y qué significa para ellos la bahía.

Hay jóvenes, claro que sí, pero quienes predominan son las personas mayores. Personas que te dicen: “Yo estoy haciendo esto por mis hijos”, “yo lo hago por mis nietos”, “esto es mi vida, ¿por qué lo van a destruir?”.

Y ahí entiendes que no se trata simplemente de estar en un plantón durante 100 días. Se trata de defender aquello que sienten que les pertenece y que quieren dejarles a quienes vienen después.

100 días en Ohuira

Pero también hay algo importante que decir: 100 días pesan.

Al principio está el furor y las ganas de hacer ruido. Después llega la pregunta: ¿y ahora qué?

Porque la preocupación también está en lo que va a pasar cuando se retiren. ¿Qué sigue? ¿Cuándo habrá una respuesta? ¿Cuánto tiempo más pueden sostener una lucha que implica cansancio, incertidumbre y dejar muchas cosas de lado?

Hay momentos en los que sienten que pueden llegar a rendirse. Y ahí aparece algo que, para mí, es de lo más bonito que he visto en esta lucha: la solidaridad.

Llegan personas con comida, agua, recursos y palabras de ánimo. Llegan desde Culiacán, Mazatlán y otros lugares. Y aunque pueda parecer poco, para quienes llevan 100 días ahí significa muchísimo.

100 días en Ohuira

Porque no sentirse solos también es una forma de resistir.

Y mientras todo esto ocurre, el plantón se ha convertido en algo mucho más grande. Hay talleres, biblioteca, actividades para niñas y niños, poemas, música, bailes y canciones. Hay personas que se han organizado para compartir conocimientos, enseñar a leer y escribir y, algo que me pareció especialmente importante, preservar y compartir la lengua yoreme.

Eso me impresionó muchísimo.

Porque ahí no solamente están resistiendo. También están haciendo comunidad, compartiendo lo que saben y manteniendo vivas sus raíces.

En medio de una protesta se está construyendo un espacio donde las personas se conocen, se acompañan y encuentran maneras de transmitir su cultura a las nuevas generaciones. Personas que ya se conocían comenzaron a convivir de otra manera. Se organizaron, se cuidaron, aprendieron unas de otras y encontraron formas de hacer más llevadera una espera que ya lleva 100 días.

También me pareció significativo ver cómo entienden sus responsabilidades quienes participan en esta lucha.

Mientras algunas personas buscan presionar y hacer visible la protesta desde otros espacios, quienes permanecen en Topolobampo saben que su tarea también es importante: quedarse, mantener el plantón y cuidar ese espacio.

Y creo que eso dice muchísimo de una lucha: no todas las personas tienen que estar en el mismo lugar para estar defendiendo lo mismo.

Por eso, cuando me dicen “ven más seguido“, yo entiendo perfectamente lo que significa.

No solamente me están diciendo “ven a visitarnos”.

Me están diciendo: “acompáñanos“.

Y también entienden que quienes estamos en Culiacán tenemos otra responsabilidad: presionar desde aquí, hablar, contar lo que está pasando, insistir, hacer ruido y no permitir que después de 100 días la historia simplemente deje de importar.

Porque 100 días no deberían convertirse en una cifra.

Deberían recordarnos que hay personas que siguen ahí.

Personas cansadas, sí. Personas preocupadas, también. Pero personas que siguen defendiendo aquello que consideran su vida.

Eso es lo que más me llevo de Ohuira: resistir no siempre significa estar gritando.

A veces resistir es levantarte otro día, abrir la biblioteca, dar una clase, cantar una canción, recibir a quien llega desde lejos y volver a decir: aquí seguimos.

Cien días después, ahí están.

Y mientras ellos siguen resistiendo allá, quienes estamos acá también tenemos que preguntarnos qué estamos haciendo para que no tengan que hacerlo solos.

100 días en Ohuira

100 días en Ohuira: cuando resistir también se vuelve comunidad

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Laura Rojo Medrano es licenciada en Comercio Internacional y estudiante de la Licenciatura en Estudios de Género. Formó parte de los colectivos Amapas del Norte y Palestina Vive-Sinaloa. Desde una mirada feminista, mis reflexiones tienen enfoque por la política, el poder, el género, la justicia social y las intersecciones entre las distintas luchas que atraviesan nuestra sociedad.

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