Aunque muchas veces hablamos de Sinaloa desde sus costas, sus campos, sus ciudades o sus expresiones culturales, debajo de los árboles y entre la tierra de sus sierras existe también un mundo que apenas comenzamos a conocer. Una nueva especie en Surutato, identificada por investigadores de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), vuelve a poner la mirada sobre la enorme riqueza natural que existe en el estado y sobre todo lo que todavía permanece sin descubrir.
El hallazgo fue realizado por el investigador Marcos Bucio Pacheco, de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, y el biólogo recién egresado Eduardo Santos García, quienes identificaron una nueva especie de microartrópodo en la zona serrana de Surutato: Allacrotelsa cejus.

El descubrimiento tiene una relevancia que va más allá del tamaño del animal. Se trata de una especie perteneciente al género Allacrotelsa, del que no se había registrado una nueva especie en América desde hace aproximadamente un siglo.

Una nueva especie en Surutato que revela lo poco que conocemos de la sierra sinaloense
El pequeño organismo, de menos de dos centímetros, pertenece al grupo de los Zingentomas, conocidos comúnmente como pececillos de plata. Es una especie edáfica, es decir, que vive asociada al suelo, y fue localizada en la base de los troncos de los árboles.
La recolección ocurrió durante una práctica escolar realizada por Eduardo Santos en la región. Lo que pudo haber quedado como un hallazgo más de campo terminó convirtiéndose en una aportación científica de alcance internacional.
“Sinaloa es un estado poco estudiado y su sierra mucho más; todo lo que hay allí está dispuesto para que lleguemos y lo descubramos”, señaló Bucio Pacheco.
La frase resume uno de los aspectos más interesantes del descubrimiento: la biodiversidad sinaloense no necesariamente está en lugares remotos o inaccesibles. Muchas veces está ahí, esperando que alguien la observe con otros ojos.
Sinaloa es reconocido por su diversidad cultural, sus tradiciones y la variedad de ecosistemas que atraviesan su territorio, desde las zonas costeras hasta los valles agrícolas y las regiones serranas. Sin embargo, una parte importante de esa riqueza natural continúa sin ser documentada.
De Surutato a las revistas científicas internacionales
Hasta antes de este descubrimiento solo se reconocían tres especies del género Allacrotelsa en el mundo: dos distribuidas en Europa y una en Norteamérica, Allacrotelsa spinulata. Ahora, Allacrotelsa cejus, localizada en Sinaloa, se incorpora a ese reducido grupo.
La investigación también aportó un elemento novedoso para la taxonomía de este género, al realizar por primera vez una descripción y clasificación detallada de las escamas que cubren el cuerpo del organismo.
Para validar el hallazgo fue necesario trabajar con especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la Universidad de Córdoba, España. Posteriormente, el estudio pasó por el proceso de evaluación de Zootaxa, revista científica especializada en taxonomía, donde fue revisado por expertos de Inglaterra y Australia.
Es decir, un organismo encontrado durante una práctica universitaria en las montañas de Sinaloa terminó siendo sometido al escrutinio de especialistas de distintas partes del mundo.
La biodiversidad de Sinaloa todavía tiene historias por contar
El nombre Allacrotelsa cejus también guarda una historia local. La especie fue bautizada en reconocimiento al Centro de Estudios Justo Sierra (CEJUS), institución que facilitó alojamiento y condiciones para las estancias de muestreo de los universitarios en la región.
Y quizá lo más interesante es que la historia no termina aquí.
El investigador adelantó que actualmente trabaja en la descripción de otra posible nueva especie de Allacrotelsa, localizada en la selva baja en el camino hacia Surutato. Además, se encuentra documentando una posible nueva especie de alacrán encontrada en la misma región.

Cada uno de estos hallazgos recuerda que hablar de Sinaloa también significa hablar de una biodiversidad extraordinaria, de ecosistemas que todavía tienen mucho que revelar y de la necesidad de conocerlos antes de que desaparezcan o sean transformados sin siquiera haber sido estudiados.
Esta vez, la historia cabe en un organismo de menos de dos centímetros. Pero lo que cuenta es mucho más grande: Sinaloa todavía tiene una enorme parte de su propia naturaleza por descubrir.
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